Nobody said it was easy.

martes, 2 de febrero de 2010

Ayer

"Hola, ¿como estás?". Y así pasa el tiempo... y no sabemos en qué momento esas palabras se convierten en un adiós, en un "hasta siempre". Y aún recuerdo el cielo de aquellas tardes, aún recuerdo el sol, aún recuerdo los pájaros volando y dándome sobresaltos. Y tanto verde, tanta montaña, tanto cariño, tanto ayer.

martes, 22 de septiembre de 2009

Aquellos días

Y en aquellos días el cielo era tan azul, tan inmensamente grande. Y el sol brillaba más que nunca, porque yo estaba a tu lado. Hasta que te fuiste, y las promesas se rompieron todas. Y te dejé, me dejaste, nos dejamos. Y el sol siguió brillando... pero ya no lo veíamos. Y el cielo siguió siendo grande... pero ya no lo alcanzábamos. Y hoy te extraño, y quizás vos también me extrañes algunos días... Pero ya no somos los mismos.

martes, 12 de mayo de 2009

Futuro condicional

Vos, el agua; yo, el aceite. Vos, en el aire. Yo, en el suelo... En el césped, tirada, rendida, mirando el cielo y las nubes... Buscando corazones en su formación. Pensando en vos y en nosotros. Pensando en futuro condicional. Es muy precario hablar en futuro condicional. Casi siempre todo se queda en nunca, se queda en nada. El futuro condicional es utópico por naturaleza. O quizás no. Quizás, quizás... Mis historias están llenas de quizáses o yo estoy llena de inseguridades. Después de todo nadie en este mundo tiene certeza de nada, y los que creen tenerla son los que no comprenden el mundo. Y una vez más me alejo del objetivo por el cual empiezo a escribir. Me alejo de mí, de vos... Pero acá estoy yo, con tu mano en mi mano, mi cabeza en tus piernas, y mis ojos fundidos de azul en el cielo. Fundidos de azul, de recuerdos, fundidos de amor. Creo que te quiero, y ojalá siempre lo crea, porque me gusta creermelo. Césped, cielo y vos. Nada más que eso, y eso es t o d o. Te querría eternamente, hasta que los veranos se nos acaben. Pero eso es futuro condicional. Precariedad, utopías...

martes, 8 de julio de 2008

Resumen

Y de repente él se fué. Ella ya no recuerda cuándo, ni tiene un porqué preciso. Subió al auto, cerró la puerta y giró las llaves. Ya se había ido, y ella sólo quedó mirando la parte de atrás del coche que se alejaba. Inundada en tristeza cruzó las verjas, abrió la puerta de su casa y dejó caer todas sus fuerzas sobre aquella silla de su habitación. Y lloró. Lloró mucho. Lloró suficiente como para que alguien pensara que lo quería. Tal vez no lo amó, pero sí lo quiso... eso sí. Lo quiso mucho, con cada parte de su corazón. Pero tal vez no estaba lista para demostrarselo. Y tal vez él se fue por eso. Porque él también la quiso a ella, pero era un muchacho algo impaciente, algo original, como dirían muchos. Era de esos de los cuales hay muy pocos. Y ella era tan sólo una muchacha como muchas, una común, del montón.


Quizás algún día ambos volvieran a encontrarse, volvieran a cruzarse sus miradas, en alguna plaza, alguna calle... Quizás entonces, al sentir el uno la voz del otro comprendieran que se habían extrañado. Mientras tanto ella lo seguía queriendo, y seguía llorando en las noches. Lo seguía extrañando. Pero eso no bastaba. 


Fue entonces cuando decidió que su amor no valía de nada si no podía estar junto a la persona que deseaba. Entonces dejó todo y se dijo así misma quererlo entonces más que nunca, y como nadie lo había querido. Pero fue allí, cuando abandonó todo para correr hacia él, que se dio cuenta de que lo había perdido. Y esta vez sí era para siempre. Entonces tal vez él nunca la quiso. Tal vez fue demasiado precario todo, insostenible. Pero él ya no caminaba solo, alguien más iba con él. Tal vez hasta había otra persona en su corazón. 


Entonces ella lloró, aún más que la primera vez. Lloró demasiado, para el gusto de cualquier persona. Lloró y lloró con todas sus fuerzas. Vació todas las lágrimas que tenía por él. Y se arrepintió cada segundo de haberlo conocido. 


Allí fue entonces que ella comenzó a pensar claramente... 
Quizás de nada había servido quererle.